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Todos lo reconocen como el "payador del festival de Jesús María", pero don Gustavo Guichón es mucho más. Sobre todo es un uruguayo que "se ganó a los argentinos" y llevó sus versos improvisados por toda Latinoamérica. Un caminador sin fronteras, como él mismo se define, que se adentró en la cultura folklórica del Río de la Plata y de la Argentina. Desde allí aprendió -y lo proclama-, que aunque Santiago no tenga pampa ni tradición jinetera, "sus changos son los más humildes y los más bravos cuando se suben a los reservados". O que el santiagueño no necesita de ninguna impostura para mostrarse cómo es o cuando exhibe la excelencia de su canto, su música y su danza.
"Yo siempre repito que el uruguayo, el santiagueño y el mendocino son de dormir la siesta, y por eso vivimos sin apuro. Nunca estamos en las tapas de los diarios, salvo acontecimientos extras. Como somos auténticos, nobles y trabajadores, para nosotros no existe, por ejemplo, la palabra estrés", comparó entre sonrisas mientras saboreó su octavo mate amargo.
Tiene sólo aplausos y reconocimientos para los artistas populares de la "Madre de Ciudades". "Ninguna provincia del país tiene la soberanía folklórica de Santiago del Estero. No le pide pilchas a nadie, y no se viste con lo ajeno. En cambio -comparó-, si vamos a Salta (y que me disculpen los cantores salteños), encontramos que el canto de moda es la baguala alta que viene de Santa Cruz de la Sierra y del sur boliviano. Muchos se la creen, pero no nosotros, que conocemos la Argentina", juzgó.
Desde el escenario de Jesús María, sobre todo, Guichón estudió a todos los artistas y colegas, y sintetizó: "Me gusta Santiago porque es de guardar y reconocer a los ídoles de otrora. Allá en la República Oriental de Uruguay siguen cantando desde el despertar Carlos Gardel, Alfredo Zitarrosa y Nina Miranda. Y aquí ustedes se despiertan con los Cantores de Salavina, Carlos Carabajal, Eduardo Ávila, el Peteco, Los Mattar, y los mejores y más grandes de todos, porque no se metieron en la innovación de nada, como son mis hermanos, los Manseros Santiagueños", enumeró emocionado el payador charrúa.
Guichón considera como "un verdadero fenómeno" lo que consiguen los santiagueños desde los escenarios. "La sencillez de esta tierra les permite levantar a los públicos y hacerlos vivir una auténtica emoción estética. Creo que todo está en el modo de decir y en la tremenda riqueza que tiene todo el folklore de Santiago, que es profundamente genuino".
"Tengo 'seguidores' jóvenes
El exitoso payador uruguayo-argentino lamentó que "los que tienen que ofrecer y dar cultura a los pueblos no estén a la altura de las circunstancias", y criticó también lo que ocurre en las grandes ciudades, "donde es bravo hacer conocer el canto o copiar a los pájaros". Se mostró apenado por el avance del flagelo de la droga, de la bobera o del verso que no tiene ni música ni expresión cultural, "como en el área de las bailantas, donde sólo importan el dinero y joder a la juventud".
De todos modos, rescató: "Yo tengo muchos 'seguidores' jóvenes, con quienes dialogo largamente y me ayudan a seguir adelante. Son chicos y chicas rescatables y estudiosos. Con ellos analizo siempre la postura de los medios, por ejemplo, que no ayudan a rescatar el acervo popular. Excepto Canal 7 (ex ATC), ¿vos viste algún cantor santiagueño con Susana Giménez, o a algún payador con Mirtha Legrand, que son las que marcan los ratings...? Creo que no les sirven ni el santiagueño ni el payador, sobre todo este último, que es un átomo que estalla con la verdad de la cosa", concluyó.
"Nací payador y mi debut, a los 10 años, fue en mi escuelita"
Guichón recordó que tenía 10 años cuando debutó como payador en la escuela rural 79 de Talita, departamento Florida, en Uruguay, a la que llegaba en caballo desde su casa, distante a 20 kilómetros. Venía siempre con su amigo. "Por el camino hacíamos contrapunto de payadas cuando observábamos al tero tero, a la nutria o al cardenal; o si nos bajábamos a comer fruta de la talas frente al paisaje de sarandices y arrayaces. Un día la maestra organizó una obra de teatro para los gurices y nos dio a nosotros dos el libreto. Por supuesto, el día del acto me largué con la payada sobre la maestra, la escuela y los niños, frente al aplauso de todos. Me emocioné tanto -recordó-, que terminé debajo del escenario todo asustado con apenas 10 años".
Se considera discípulo de Carlos Molina, Luis Alberto Martínez y Héctor Umpiérrez, y recordó aquella primera guitarra de clavijas de madera y la media milonga que aprendió de su padre don Ramón Alejandro Guichón, que era cuidador de caballos. "Después me invitaban a todas las carreras de caballos y hasta a los boliches. Hacía payadas sobre los fardos de alfalfa para satisfacción de mi padre y sus amigos", contó.
Obtuvo un disco de oro y lleva grabados 28. Escribió la letra de zambas conocidas, como La niña mendocina o Puerto Pañuelo, con música de Leocadio del Carmen Torres, y Tabaco y alcohol, Timba, Vicio y Mujer de la noche, que fueron creaciones de los Hermanos Mattar.
"Este país, la Argentina, me dio todo", concluyó agradecido.
Europa y Kirchner
El payador se apresta a iniciar una gira por Europa, con actuaciones durante un mes por Francia y España. Además, el próximo sábado se presentará en la Fiesta Nacional de la Ganadería y las zonas áridas en General Alvear, Mendoza, donde dialogará con el presidente Néstor Kirchner. "Quiere que le hable sobre los misterios del verso improvisado, le dijo a mi compadre Marcial Cáceres, legislador de Río Gallegos", anticipó a EL LIBERAL.
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